la hora de los magos

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el tipo es pacifista

Publicado por fmb66 el 15 de mayo de 2012
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El tipo inicia una mañana tranquila y habitual. Despertador, ducha, afeitada, acostumbrada taza de té mientras plancha la camisa cotidiana y el equipo de audio termina de reproducir ese CD de Sinatra interrumpido ayer.  Luego, sentado a la mesa de la cocina, repasa las actividades programadas para el día, mientras el reloj avanza hacia las siete y media. Guarda la agenda en el morral, cambia el CD finalizado -ahora Carpenters- y va con su rutina al dormitorio. Hecha ya la cama, vestido, peinado, el tipo repasa las luces, la llave del gas, apaga el encendido del audio, y sale, justísimo a las ocho. La mañana es clara, diecisiete grados, y el sol de abril recién asoma en el barrio por sobre los bajos techos llenos de rocío. La serenidad, el silencio, el canto de los pájaros, y el fresco, invitan a la caminata habitual. El tipo camina con franca fruición esas veinte cuadras, con pasos largos y decididos, inspiraciones profundas, y tarareando el último tema escuchado (que siempre queda pegado en la memoria inmediata): ”Every sha-la-la-la… every who-ho-ho-ho…”. Llega a la avenida y, en pocos minutos, trepa al colectivo, manoteando la “sube” del bolsillito del saco. El día comienza pacíficamente, como debe ser. La melodía sigue resonando en el fondo de su cabeza…
Avanza hacia atrás en el bondi semiocupado, y ¡horror!… ahí está el criminal destructor del encantamiento. Un pibe, dieciocho, veinte, cabeza rapada, ojotas, bermudas de esas que tienen bolsillos que alcanzan para hacer una mudanza, musculosa con calavera, y gorrita de beisbol con la visera sobre la nuca. Desparramado en el asiento como en el sillón más cómodo del congreso nacional, el celu-mp3 a todo volumen, con impronta bailantera de la rotonda de Varela. Del resto del pasaje, la mitad está aislada en sus propios sonidos a través de sus auriculares estéreos, y la otra mitad, de la que el tipo es  involuntaria y forzosamente integrante, soporta estoicamente la estética de los wachiturros.
El tipo remite al pensamiento que otras veces ante igual situación ha tenido. La actitud del pibe es francamente agresiva, beligerante. No es un descuido su forma de estar sentado, ni tampoco lo es el volumen excesivo de su parlante. Él se hace notar. Impone su música y seguramente espera el comentario negativo, la protesta de alguien, para sacar a relucir sus resentimientos, sus propias xenofobias y discriminaciones. No vale la pena. Esto no es novedad ni aquí en el bondi, ni en los que disfrutan del exceso en su propia casa, ventanas abiertas al vecindario; o paseándose con esos equipos de audio móviles, motorizados, que uno podría llegar a confundir con un automóvil, desde donde también nos riegan con ruidos en frecuencias infernales y decibeles infrahumanos.
El tipo es pacifista, hombre de serena acción y reflexión, y sabe que esto no pasa de una incomodidad pasajera. No lo habita intención de generar ninguna disputa (salvo el deseo de sacar ahora mismo la magnum 357 y ponerle un tiro en el medio de la frente), ni menos proveer a la educación del inadaptado, que esa no es su tarea. Pero no puede abstraerse de la situación, y le vienen a la memoria unas frases del escritor Charles Bukowski, un caminador de todas las miserias, adicciones y aflicciones de este mundo, criado  en la orfandad de los barrios pobres de San Francisco-USA, que dijo: “En las casas de los pobres, uno está condenado a oír los ruidos del otro. Lo escucha cuando grita, cuando cocina, cuando abofetea a su mujer, cuando va al baño, cuando la patrona le reprocha a los alaridos por su impotencia, incluso, con todo detalle, el pormenor de sus actos sexuales. No hay privacidad entre los pobres. Siempre he vivido en casas así, departamentos de mala muerte, chozas con paredes de cartón y otras pocilgas. Siendo pobre uno ignora que existe el silencio. No sabe lo que es. No comprende porqué el silencio puede ser agradable. Juzga que los demás merecen oír nuestros ruidos, nuestra música a todo volumen, nuestros gritos, nuestras carcajadas sin gracia. Por haber sido pobre la vida entera, hablo en voz alta y expreso ruidosamente todas mis emociones. Estoy convencido de que los vecinos (y el prójimo en general) deben compartir mis experiencias digestivas, eróticas, familiares y musicales.”
El tipo, a los diez minutos, llega al punto, baja y se pierde entre la multitud de la avenida, vuelto al amable tarareo: ”Every sha-la-la-la… every who-ho-ho-ho…” El pibe en el bondi seguramente seguirá condicionado por su necesidad de compartir compulsivamente lo que él cree insuperable… 
 
 

CM.- 27Abr2012 – Crónicas de madrugada

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Amsterdam

Publicado por fmb66 el 6 de abril de 2012
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L’última defensa que va engegar va ser el coll de l’abric, tornat cap amunt. L’hivern a Amsterdam és paradigma de la inclemència. Va creuar un pont breu sobre un canal fosc, i va caminar per un carrer que brillava per l’aigua caiguda. A les quatre de la tarda sol haver més llum en la ciutat, però el mateix núvol que havia arribat tres dies endarrere enfosquia el cel i deixava un plugim horitzontal i perpetu. En els coffeeshop no trobaria el paradís, però sí la pipa de la pau i bona calefacció. I cafè espès, i un partit del Ajax, que passaven en pantalla gegant. No ho va distreure. La sensació de solitud més descarnada va vèncer al hash i al futbol, fins i tot a la televisió. El món era en el seu cap un infinit hostil, sense un lloc al que tornar, tot just un mapa i una cinta blaucel i blanca en una habitació llogada. I la pluja horitzontal. Va sortir al carrer sense pagar; el murmuri dels grups li augmentaven l’aclaparament. La càrrega li va fer lent el pas. Es va palpar les butxaques i va trobar una moneda de mig guilder, oblidada del 2001. Tampoc la zona vermella ho salvaria aquesta tarda. Altra mà va sortir de la butxaca amb la carta, tinta negra. Els ulls van saltar la lectura tot cirrent, van buscar les quatre paraules que se li havien gravat en l’interior de les parpelles: no tornis, per favor. Dubtava si seria capaç de complir amb el que li demanava. Miró amb força, es va alegrar al veure que començaven a dissoldre’s les paraules. La pluja horitzontal.

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transAtlánticos, poetas argentinos de barcelona

Publicado por fmb66 el 31 de octubre de 2011
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se presentó transAtlánticos, una antología de poetas argentinos que han tenido algo que ver con Barcelona; vivir, por ejemplo. Curada por Dante Bertini, tengo el gusto de compartir espacio con algunos grandes poetas que han pasado por la ciudad. Un par de los poemas, y el link para ver el libro.

salut i alegria!

 

 

Zamba elemental

La tierra tiembla muy lento

A los pies del que camina

La tierra cuida en silencio

los pasos que la acarician

El aire vuela en el aire

Y revuelve las cortinas

El aire saluda en otros

Porque anda sin despedidas

Zamba del camino largo

Caricia de despedida

Queda esperando el abrazo

Sola en su ritual de harina

Si fuera cierto el regreso

Tal vez no regresaría

El fuego arde en el hondo

Resplandor de las cocinas

Entibia el hogar y a veces

Desde lejos nos cobija

El agua corre y enseña

A caminar sin medida

A no mirar el camino

Hecho, ni las cenizas

Zamba del camino largo

Caricia de despedida

Queda esperando el abrazo

Sola en su ritual de harina

Si fuera cierto el regreso

Tal vez no regresaría

La tierra llora en el agua

Arde en el fuego y grita

La desolación del aire

cuando el que se va la olvida.

 

 

 

mujerpatria 5

Necesidad de vos es lo que tengo,

necesidad de vos si sos ausencia;

muero de amor, la vida es el regreso;

me desespero por tenerte cerca.

y es tan grande el dolor si estás conmigo

que se me olvida el motivo del retorno;

pienso sólo que en huir, hacer camino;

poner, mi amor, distancia entre nosotros.

Carne de Freud, carne de manicomio,

carne clase turista y arruinado,

va reduciéndose mi repertorio,

no hago otra cosa que hablar de mi pasado.

De no querer mirar me arrancaré los ojos

o haré el valor de mi sueño enamorado.

 

 

y el link

http://www.consuladoargentinobarcelona.com/ESPECIALES/Transatlanticos/TransatlanticosBCN.html

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